Encontrar a Dios no es recorrer un camino complicado ni alcanzar una meta lejana. Dios se deja encontrar en la quietud del corazón sincero, en la oración sencilla y en el deseo genuino de conocerlo. Cuando te acercás a Él con humildad, aun en medio de tus dudas o heridas, Dios responde. No exige perfección, solo un corazón dispuesto a escucharlo y confiar.
"Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. — Santiago 4:8"